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MUSICA

El sufrimiento de los inocentes

Carmen Giussani
21/06/2011

El domingo 19 de junio, a las 7 de la tarde, en un acto presidido por el Cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela, el Coro y Orquesta del Camino Neocatecumenal presentó una breve sinfonía de Kiko Argüello sobre El sufrimiento de los inocentes. Así irrumpe la belleza, siempre imprevista.

¡Qué poder misterioso tiene la música! Sabe tocar las fibras más recónditas de nuestra humanidad. Sabe abrirnos fácilmente al Misterio. Una vez más el lenguaje universal de la belleza ha resonado en la Catedral de Madrid entre los que ayer pudimos asistir a la celebración sinfónico-catequética sobre El sufrimiento de los inocentes. La obra es fruto de Kiko Argüello y de un grupo de músicos del Camino Neocatecumenal.
La joven orquesta y el coro, compuestos por 170 cantores y músicos, todos ellos del Camino, con una media de edad que no supera los 30 años, y dirigidos por Pau Jorquera (28 años), han dado aliento y vida a una obra que toca los corazones, ya sean sedientos o áridos, atentos o acostumbrados, jóvenes o endurecidos por las pruebas de la vida o el paso del tiempo.

Ya ha ocurrido en el Vaticano, en Italia, en Israel, en Francia y en Alemania. Ayer, en Madrid. La idea de componer una sinfonía como medio de evangelización surgió en respuesta a la llamada de Benedicto XVI para crear un “Atrio de los Gentiles” moderno.
El pasado 8 de diciembre, durante una convivencia de músicos del Camino, Kiko Argüello llegó y, según su estilo, dijo: «‘‘Vamos a tocar’’. Nuestro pensamiento entonces – cuenta el director –, sin partitura, sin escritura previa, fue claro: íbamos a perder el día. Pero Kiko siguió convencido: ‘‘Dios me inspirará la música’’». Y así fue. Kiko se puso a tararear y los músicos lo tradujeron en armonía. Las cuerdas, los vientos y los demás instrumentos empezaron a tocar, se entrelazaron, cobraron fluidez, pasando de la extrema delicadeza a la pasión – contenida o desbordante –, para llegar al asombro de la unidad.

Al escuchar esta composición sinfónica no pudo ser mayor mi implicación. Fue imposible no sentirme remitida al misterio de Pentecostés, no interrogarme sobre esa fuerza que consigue acordar tantas lenguas y mover a tantos hombres, haciendo de ellos una única voz que nos habla de Cristo. Sí, porque lo que hemos visto y escuchado no acaba en una emoción, no se detiene en un “oasis”, no se limita a un paréntesis.
Si queremos escucharla otra vez, si queremos que nos acompañe de nuevo, es porque nos acerca al misterio insondable del sufrimiento de los inocentes que cargan con el pecado de otros, y a la primera entre ellos, la Virgen, cuyas lágrimas derrama el arpa. Ella fue la primera que sufrió hasta el extremo por el dolor inocente, del Inocente. Y nosotros, siguiéndola a ella, fijamos la mirada en el Redentor, llevados por esta intensa súplica musical.

Contemplación silenciosa de la Virgen que acepta la espada que, según el profeta Ezequiel, Dios ha preparado por los pecados de su pueblo, y que ahora le atraviesa el alma. Contemplación que estalla sobrecogedora en toda la catedral, cuando todo el pueblo, de pie, canta: «¡María, María! ¡Madre de Dios! Santa Theotokos. ¡Ánimo! Tú eres la madre del Dios que se hace pecado por nosotros y se ofrece por la salvación de todos. Madre de Dios y madre nuestra». El sufrimiento de los inocentes es salvado.

Los cuatro movimientos de la composición sinfónica son, por este orden:
«Getsemaní», donde se plasma el sufrimiento inaudito de Cristo y la bajada de un Ángel para sostenerle en el trance de beber el cáliz de su Pasión;
«Lamento», en el que el arpa recoge las lágrimas de la Virgen, indisolublemente ligadas a las lágrimas de todos los inocentes.
En el tercer movimiento, «Espada», Cristo intercede por nosotros: «Padre, perdónalos… perdónalos…», mientras una espada traspasa el corazón de su Madre. El movimiento culmina con una invocación unánime a María, Madre de Dios, el Amor que nos salva;
La composición descansa en el cuarto movimiento, movimiento de «Resurrección», que se hace eco de la Gloria de la que gozan ya todos los inocentes.

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Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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