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¿Cómo llegar a ser hombres?

Roberto Graziotto
16/03/2017

Llegué a la Maternus Haus de Colonia con un pequeño grupo de nueve personas: unos alumnos, mi párroco, mis hijos y mi mujer. Nueve, igual que la compañía del Señor de los anillos para destruir el anillo del poder. Pero nosotros, en cambio, íbamos a participar en la cuarta edición del Meeting del Rin, del 10 al 12 de marzo. Uno de mis alumnos me contó que cuando sus amigos le preguntaron cuál era el tema del Meeting del Rin, le costó dar una respuesta: el hombre o algo así. Un tema tan universal que, en una época como la nuestra, marcada por el "saber especializado", cuesta trabajo identificarse con él.

El padre Gianluca Carlin, presidente del Meeting, nos contó que al oír la frase de Camus que daba título al Meeting, "Ein Mensch zu sein, das interessiert mich" (Lo que me interesa es ser un hombre), inmediatamente pensó que este era el punto focal, lo realmente interesante. Precisamente por su universalidad, precisamente porque «ser hombres, seguir siendo hombres y llegar a ser hombres» es una tarea que no se puede delegar en nadie.

El primer encuentro, con monseñor Paolo Pezzi, arzobispo de la Madre de Dios en Moscú, y el filósofo luterano holandés Huib Klink, reviste un evidente valor ecuménico. El arzobispo, al frente de una diócesis que tiene una extensión del tamaño de seis veces Alemania, habla del bautismo no como un acto formal de la pertenencia cristiana, sino como pasión por el hombre, por el hombre concreto. Habla de los 35 segundos que duró su único encuentro con san Juan Pablo II. En aquellos 35 segundos, para el Papa de entonces solo existía un único interlocutor, solo aquel hombre concreto.

El filósofo luterano Klink insistió en una intuición que había llamado su atención. Lutero y don Giussani tienen la misma pasión por el hombre, la misma intención que Klink resume con un claro «cuídate a ti mismo». Un cuidado que solo es posible si redescubrimos que nuestra alma puede educarse en una atención a la voz del espíritu. Espíritu que a su vez vive atento a la voz de Dios. Un cuidado para descubrir que el hombre es espíritu, alma y cuerpo, todo ello abierto al infinito. Y que si el hombre pierde el contacto con Dios, pierde también el contacto con la razón.

En mi "pequeña compañía", mi hijo y otro alumno quieren estudiar Medicina. Así que escuché la conferencia del doctor Markus Schlemmer, sobre el lema del Meeting, con la íntima alegría de que dos jóvenes, acaso futuros médicos, estaban escuchando conmigo a un hombre fuera de lo común. Schlemmer es responsable de Medicina Paliativa en el hospital Fatebenefratelli de Múnich.

Según él, no es la enfermedad son el hombre lo que debe estar en el centro de la atención del médico. Y no solo la morfina sino el encuentro, por ejemplo con un hijo al que no ves desde hace años, puede reducir la intensidad del dolor. Para él, el médico no es un héroe solitario sino alguien que trabaja con un equipo. Schlemmer es un médico que sabe que el hombre es cuerpo y alma, y que hay que tener el valor de mirar a la cara a estos pacientes que se están muriendo porque son hombres con un alma inmortal, y normalmente dan mucho más de lo que reciben.

El Meeting también ofrecía la posibilidad de encontrarse con personas implicadas en iniciativas realmente impresionantes, como Stephan Scholz, que desde hace un tiempo dirige "Support International", socio fundador de la Fundación AVSI. Su filosofía de ayuda, desde Uganda hasta Iraq, llegando incluso a las regiones menos ricas de la propia Alemania, no consiste principalmente en el aspecto económico ni en el control del flujo de dinero (aunque la transparencia es sin duda muy importante), sino en el crecimiento de una amistad entre los sujetos de una cierta acción. A menudo descubres así que quien recibe hace más rico al que dona, en vez de lo contrario.

El domingo, último día del Meeting alemán, comenzó con la santa misa, celebrada por monseñor Pezzi, que habló de la «obediencia humilde» como única vía para alcanzar la gloria de Dios, anticipada por la transfiguración.

La mañana cultural empezó con una conferencia de Bernhard Scholz, presidente de la Compañía de las Obras, que propuso una frase del Fausto de Goethe (Faust): "Bin ich hier Mensch, darf ich's hier sein? Moderne Arbeitswelt" (Soy un hombre, ¿aquí puedo serlo? En el mundo moderno del trabajo). El sistema moderno del trabajo, aun con toda su complejidad y todos sus cambios, no es un sistema donde se haya realizado la "abolición del hombre" profetizada por C.S. Lewis. Es un sistema que permite que el hombre sea una presencia buena. ¿Cómo? Cuidando las "relaciones humanas" en las circunstancias tal como son. Solo en virtud de estas relaciones es posible resistir a las tendencias individualistas que bien conocemos. Según Scholz, el mismo fenómeno del nacionalismo no nace en primer lugar de una opción política, sino del miedo que sienten los individuos ante un sistema que, por motivos económicos, pretende hacer mucho en poco tiempo mientras que, a los que no trabajan, les deja muchísimo tiempo que no saben cómo emplear. Esto provoca un estado de angustia que culmina muchas veces en la búsqueda de una identidad fuerte (por ejemplo, el nacionalismo).

Al terminar la conferencia, en un rincón de la casa diocesana que alberga el Meeting, Scholz dedicó veinte minutos a los jóvenes que estaban conmigo y les invitó a estudiar algo que les apasionara, teniendo presente que su futuro laboral no necesariamente necesitaría lo que ellos estudiaran. Pero al haber estudiado siempre podrán demostrar que son capaces de aprender.

El último encuentro del Meeting proponía un diálogo entre tres representantes de las "religiones del libro", siguiendo el hilo de una pregunta: ¿en qué hombre cree tu Dios? En el escenario, el palestino Mouhanad Khorchide, profesor de Pedagogía de la religión islámica en la universidad de Münster, y el católico Thomas Söding, profesor de Nuevo Testamento en la universidad de Bochum. El rabino Jehoshua Ahrens, del Center for Jewish Christian Understanding and Cooperation, finalmente no pudo acudir.

Nada más empezar a escuchar al teólogo musulmán, uno se da cuenta inmediatamente de que muchísimas ideas comunes sobre el islam no son ciertas o no lo son del todo. A Khorchide no le falta precisión teológica y centró su discurso en la "revelación". Diciendo que hay dos maneras de comprenderla, un modelo interpretativo monológico, el más habitual en el mundo musulmán, y otro dialógico.

En el primero, Dios solo cree en sí mismo y el hombre es solo un objeto de la religión. La revelación es solamente instrucción para glorificar a Dios y no revelación de su amor. Cuando se reza, no se hace por uno mismo sino solo por Dios. La oración se convierte así en un acto formal para satisfacer a Dios y no en un acto del que el hombre tiene necesidad. El Corán es como un monólogo de Dios.

El segundo modelo interpretativo es el dialógico (el preferido de Khorchide), donde Dios se dona gratuitamente. La quinta sura habla de este modo de ver a Dios, un Dios que crea hombres a los que ama y que le aman. Es en definitiva la sura del amor incondicional y gratuito de Dios. La sura 55 habla de Dios como misericordia. Misericordia y amor implican la libertad del hombre. No existe un amor forzado. Khorchide habla de un Dios que se identifica con sus criaturas. El texto es parecido al juicio universal que describe Mateo 25: tuve hambre y no me distéis de comer, etc. En el modelo dialógico, Dios quiere a un hombre libre de decirle sí. La comunicación de Dios al hombre es un proceso. El contexto histórico es importante tanto para comprender el origen del Corán como para comprender qué tiene que decir al hombre de hoy. La sura 93 también habla de un Dios empático, que siente emoción ante sus criaturas. Las quiere libres, si bien la libertad no es la de elegir un producto en vez de otro sino la libertad de dar forma al propio destino.

La intervención del profesor Söding llevaba por título "Dios mira a los hombres en Jesucristo y los hombres miran a Dios a través de Cristo", una afirmación no compartida por el teólogo musulmán, pues el islam es una religión de la "escucha" de Dios y no de la "visión" de Cristo.

Igual que en el Meeting de Rímini, también el Meeting de Colonia vive del compromiso de multitud de voluntarios. Aquí eran ochenta. Se pagaron el viaje y la comida, y se pusieron a las órdenes de su responsable Stephanie Spee, para atender las exigencias de todos los participantes: información, guardarropa, libros...
De la exposición fotográfica de Barbara Klemm, que documentaba la historia alemana y mundial con imágenes del periódico Frankfurter Allgemeine Zeitung desde el año 1959, una foto en particular, tomada en Nueva York en 1997, llamó especialmente mi atención. Dos hombres, uno al lado del otro, charlan en medio de los rascacielos, como recordándonos que ningún avance técnico logrará hacernos olvidar completamente nuestro ser; solo hace falta que el hombre, en diálogo con otro hombre, cuide de sí mismo.
(con la colaboración de Elisabetta Colò)



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